Varias

Don Ramón estaba solo en el velatorio, hasta que se llenó de gente

El hombre que se encontraba solo, velando el cuerpo de su mujer recién fallecida, por momentos apenas acompañado por un hijo discapacitado que sufre constantemente ataques epilépticos y una discapacidad intelectual. Él se encontraba ahí sin consuelo, sin dinero, sin flores para su mujer, sin nadie con quien hablar, sin un abrazo, sin un hombro sobre quién recostarse para llorar.

El hombre que se encontraba solo, velando el cuerpo de su mujer recién fallecida, por momentos apenas acompañado por un hijo discapacitado que sufre constantemente ataques epilépticos y una discapacidad intelectual. Él se encontraba ahí sin consuelo, sin dinero, sin flores para su mujer, sin nadie con quien hablar, sin un abrazo, sin un hombro sobre quién recostarse para llorar.

En esa inmensa soledad un hombre puede pensar muchas cosas. Tal vez pensaba que la vida no valía nada, tal vez pensaba que dentro de poco sería él quien moriría, y no tendría quien lo vele. Pero lo que nunca se imaginaría éste hombre, es que se convertiría en parte de una historia singular, en dónde muchas personas vendrían a acompañarlo sin siquiera conocerlo.

El hecho sucedió en la funeraria del Sistema de Desarrollo Integral Familiar (DIF) estatal de la ciudad de Saltillo, Cohauila. Allí se encontraba don Ramón Cibrián Casas, velando a su esposa María Asunción Esparza Martínez, cuando alguien tomó una fotografía y la publicó en las redes sociales, y de repente sucedió un milagro.

Sandra Pineda, fue la persona que se dio cuenta de la soledad de don Ramón, y fue ella quien le tomó la fotografía y la publicó en Facebook: “Don Ramón no tiene a nadie. Ni dinero. Así que no tienen ni café. Ni pan y ni una flor me da tristeza“.

Al difundirse la fotografía, los ciudadanos y policías municipales se dirigieron a la funeraria para acompañar a don Ramón, y organizaron una colecta para reunir el dinero suficiente para cubrir los gastos, y posteriormente trasladaron el cuerpo de la mujer a un cementerio de su comunidad y hasta compraron muchas flores.

Finalmente, Sandra, la protagonista secundaria de ésta historia, dijo: “Wow, una experiencia maravillosa el poder servir a Dios por medio del prójimo. Gracias Saltillo porque marcamos la diferencia. Ya ven que sí pasan cosas buenas y positivas aquí“.

Y es así como termina ésta gran historia, mostrando que las cosas buenas se pueden lograr con el apoyo de otras personas, donde las buenas intenciones no quedan frustradas, y la solidaridad demuestra que puede hacer milagros en las cosas cotidianas.

Después de esa foto que le cambió la vida, en la que posteriormente se acercaron decenas de desconocidos a acompañarlo y apoyarle económicamente, don Ramón pasa sus días en la pequeña tienda que atendía su esposa doña Mary (antes de eso, él era albañil), la cual apenas tenía un puñado de mercaderías para sustentarse, y ahora está aprovechando para vender algo de lo que la gente le ha donado para su despensa. Tiene buenas intenciones, ya que afirma que le gustaría “nivelarse tantito” (económicamente) para poder ayudar a otros, y dar vueltas por los hospitales, “de perdida para platicar con otros, con los que sufren”.

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