México necesita un Nuevo Contrato Social

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El “Contrato Social” es una obra escrita del escritor político-filosófico Jean-Jacques Rousseau (1762), escrita originalmente como “El contrato social o principios de derecho político”.

En éste libro, Rousseau afirma filosóficamente que en toda sociedad, existe una especie de contrato primario, en donde se fijan las reglas de la fundación del Estado o País de dicha sociedad.

Ese no fue el primer libro de Rousseau, puesto que en el 1750 había escrito el premiado “Discurso sobre las ciencias y las artes”, en donde afirmaba que las Ciencias y la Cultura eran contrarias a la Naturaleza, puesto que esas -de alguna manera-, habían envilecido a la Humanidad.

Posteriormente, en 1754, escribió otro libro, “Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres”, donde manifestaba que la Sociedad (en general) tenía una naturaleza intrínsicamente corrupta al ser contraria a la Naturaleza.

En otras palabras, para Rousseau, el ser humano solo podía vivir en dos clases de sistemas, en el natural (basado en la Naturaleza) o en el artificial (basado en la Sociedad, mediante un Contrato Social).

En el Contrato Social se crean las reglas de convivencias y se decide el sistema de Gobierno (ahí se decide si existirá un rey, un presidente o cualquier otro sistema).

El problema es que al crearse esa Sociedad organizada, no se fijaron bien las reglas, y se le dio mucho poder a las autoridades, por lo que, en vez que éstas sean solo administradores de los bienes del Estado a favor de la Sociedad civil, ellos se convirtieron en opresores de la Sociedad a través del aumento de impuestos y de la imposición de reglas que estaban fuera de la idea original que dio a luz el Contrato Social primitivo.

Extendiendo lo que quiso decir Rousseau, se puede explicar que una vez que la Sociedad fue organizada a través de un Contrato Social primitivo, se crea un sistema de Gobierno que crea sus propias reglas para mantenerse intocables.

En México (como en la mayoría de los países latinoamericanos) el sistema de Gobierno es Presidensiable con un Congreso compuesto por diputados (supuestos representantes del pueblo de cada estado) y senadores (representantes del gobierno de cada estado). Además de eso, México tiene un Sistema Republicano que funciona a través de un sistema Partidista.

Sin embargo, algo falla en todo ésto, porque cada vez vemos más corrupción en el Sistema, ya sea por la falta de controles, o por la falta de idoneidad de los gobernantes en sus cargos.

Desde el mismo momento en que los diputados y senadores se fijan sus propios salarios y bonificaciones de gastos, comienza la corrupción. De la misma manera, desde el mismo momento en que un presidente puede manejar una chequera sin control estricto, existe corrupción.

El Sistema no sirve porque en el Contrato Social primitivo se creyó que las autoridades harían un buen trabajo, que serían honestos, honorables, prudentes y responsables. Nada que ver con los “sátrapas” [diccionario: que abusa de su poder o de su autoridad] que llegan en éstos momentos a los puestos más importantes del Sistema de Gobierno.

En la Antigua Grecia, los gobernantes eran personas con altísima reputación, honorables, que no cobraban sueldos sino que solamente gobernaban por su propio honor y amor a su patria, y corrían con sus propios gastos.

En casi toda latinoamérica, los candidatos a presidentes, senadores y diputados, son adinerados que, muchas veces, se hicieron adinerados robando en sus provincias o estados cuando fueron alcaldes o gobernadores.

De ahí, es que sean casi siempre, los mismos personajes los que llegan a gobernar, con amplia experiencia en la corrupción. ¿Qué de bueno puede salir de todo eso?

En México -por ejemplo, actualmente vemos noticias en donde el pueblo tiene que aguantar a un presidente, y que éste hace lo que quiere puesto que tiene un enmarañado pacto con diputados y senadores leales que le permiten gobernar como él quiere a cambio de su protección. Entonces vemos aumentos de impuestos, aumento de gasolina, aumentos de la canasta básica de alimentos, etc., donde solamente el pueblo es el que pierde.

De la misma manera, también vemos que algunos gobernadores o ex gobernadores se escapan con millones o miles de millones de dólares robados de las arcas del estado, dinero que fue recaudado del pueblo, es decir, sacados de los bolsillos de los contribuyentes.

En ésta voracidad de corruptos, vemos por ejemplo, como llegan a engañar a niños con cáncer en Veracruz, donde les hicieron creer que fueron tratados de cáncer, aunque en realidad solo les dieron agua destilada, atentando contra las vidas de éstos pequeñitos.

Y ante todo éste descaro, las autoridades no hacen nada, o hacen muy poco, y para el colmo, todavía se quejan de que no les alcanza el dinero, tal y como lo hizo la diputada Susana Corella cuando dijo que no le alcanza el sueldo que recibe, siendo que los diputados y senadores reciben muchísimo (ya que ellos mismos se fijan sus salarios y bonificaciones); y en el caso de ella todaviá es peor, puesto que solamente fue a trabajar 7 días desde el mes de Septiembre a Diciembre del año 2016.

México se convirtió en un país donde pulula la corrupción como pus que brota de todas partes de la Función Pública, de una sociedad que aguanta, y que, aunque es mayoría, no domina, debido a que la mayoría de las “buenas personas” no hacen nada para impedir que la clase dominante (políticos) sigan haciendo de las suyas, o como decía Edmund Burke: “Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada.”

Necesitamos nuevas reglas, pero que éstas no sean impuestas por el gobierno corrupto, sino que sean impuestas por la Sociedad a través de un Nuevo Contrato Social. En otras palabras, México necesita un nuevo Contrato Social que fije un nuevo Sistema de Gobierno, donde se castigue la corrupción con más efectividad y que ponga un filtro para que no lleguen al gobierno aquellos que han incrementando sus patrimonios durante la Función Pública, así como también, que no permanezcan bajo el sostén público aquellos legisladores faltistas. Debería existir una gran Comisión que juzgue a los funcionarios, y que después de salir de la función pública, que le hagan un “juicio de patrimonio”, en donde se les revisen todas las cuentas a cada uno de los que salen de la Función Pública.

Deben existir más reglas impuestas por la misma Sociedad, puesto que los gobernantes demostraron que no cuidan a la Patria, sino que cuidan sus propios intereses.

En su libro, Rousseau dice: Si se me pregunta sobre si soy Príncipe (Gobernante) o Legislador para escribir este libro, diría que no, y justamente por no serlo lo hago, porque si lo fuera, no perdería mi tiempo en decir lo que es necesario hacer.

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