El #HuracánNewton se sintió como si fuera un pequeño #Odile en #LosCabos

huracan-newton-odileNoche de lluvia, llena de ansiedad . El día entero hablando del ciclón que se acercaba y las agujas del reloj traspasaron la medianoche, cuando el viento comenzó a hamacar las primeras ramas.

La lluvia hizo correr a los desprevenidos y la calle se llenó de agua sucia, transformando en pequeños ríos de color ocre que desembocaron en el mar.

“¿A qué hora va a llegar?”, preguntaba la gente, más preocupados en la puntualidad que en vivir la experiencia del huracán que se aproximaba. ¿Por qué las personas preguntan los horarios de salida y llegada, si de todas maneras saben que la noche será muy larga? Parece que ellos no saben que hay muchas variantes que pueden hacer impuntuales a los huracanes más formales.

Las primeras ráfagas de viento comenzaron a dispersar la vertical caída de lluvia, haciendo que las gotas terminaran bailando en el aire, hasta caer finalmente en los techos o en las calles.

A la 1 y 10 se cortó la energía eléctrica y duró hasta la media tarde; eso fue como una señal de que se acercaba el huracán, y en la oscuridad podías sentirte muy aislado y solo. La batería de mi teléfono celular se acabó casi al mismo instante del corte de luz, gastada con la trasmisión de videos en vivo y alertas por Whatsapp.

Cuando murió la luz del celular, me quedé totalmente solo en la madrugada. La trasnoche se hizo muy larga y por momentos me ganaba el sueño, y el sopor del calor provocado por el hermetismo del encierro me hicieron transpirar con gotas que me recorrieron el rostro. Eso me hizo buscar -desesperadamente- el aire fresco, aunque sabía que ahí afuera estaba el Huracán Newton, jugando por momentos, con sus dedos de aire en las copas de algunos árboles o sacudiendo sin piedad a otros. Desde la oscuridad del interior me acerqué a la ventana, y allí recordé varias veces a Odile.

Afuera había un ser gigante e invisible que sacudía las puertas, jalando para la calle, como si estuviera aferrado con dos manos al picaporte, mientras que yo abría y cerraba rápidamente la ventana para tratar de despresurizar esa atmósfera interior que tenía un efecto de vacío y me estaba asfixiando. El viento fresco me salpicó gotas de agua fría, mientras que el viento aullaba unos sonidos conocidos que por momentos te erizan la piel.

Después de las cinco, el cielo perdió su negrura infinita, y aunque ya esperaba la calma, cada tanto volvían unas ráfagas que hacían recordar que lo peor no termina hasta que se vea el sol o la claridad en el cielo. ¿Por qué será que en Los Cabos los huracanes atacan en la noche?

¿Será que ahora -para nosotros- todos los ciclones se parecen a Odile? Los memoriosos podrán recordar a Juliette (2001), pero para la mayoría de nosotros, que todavía tenemos fresco el azote a Los Cabos, pensaremos que en una noche sin estrellas, el viento de Newton tarareó varias veces en unos tonos más bajo, una melodía parecida a la de Odile.

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Categorías:Baja California Sur, Cabo San Lucas, Ciclones, Clima, Huracán, Municipio Los Cabos

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