Adiós al Minisuper “El Mandilón”

minisuper-el-mandilon“El Minisuper ha muerto”: Adiós al Minisuper “El Mandilón” y a otros más que irán desapareciendo. Esta semana cerró sus puertas para siempre el Minisuper “El Mandilón”, tras 25 años de presencia en Cabo San Lucas.

La esquina de Leona Vicario y 20 de Noviembre de Cabo San Lucas, ya no será la misma, por lo que un pedacito de la ciudad cambiará su aspecto. Ya no estará abierto -hasta la madrugada- el minisuper más antiguo de Los Cabos, y ya no podremos escuchar -al paso-, algún ingenioso comentario de su dueño.

“¡El Minisuper ha muerto!“, así debería ser el titular de ésta nota, pero no han muerto todos, sino que cerró sus puertas el más antiguo de Los Cabos. Los demás seguirán compitiendo en forma muy desigual contra los precios que pueden poner las grandes y cadena de pequeñas tiendas que negocian los precios al mayoreo a nivel nacional, mientras que los minisuper locales, esos tradicionales negocios de ésta hermosa tierra, que han dado sustento a tantas familias, irán desapareciendo por la competencia desigual y el yugo que imponen las autoridades locales.

Además de competir con la cadena de minitiendas de los Oxxo’s (los cuáles se van instalando cada tres cuadras del centro de la ciudad, y que existen desaparramados al menos uno por cada colonia de la ciudad y por todo el municipio), los minisuper también recibieron el “tiro de gracia” de parte del actual Ayuntamiento de Los Cabos, cuando éstos prefirieron modificar la Ley de Alcoholes, para beneficiar a los bares, poniendo trabas para que los pequeños negocios pudieran vender bebidas alcohólicas después de las diez de la noche.

Cuando yo llegué a Los Cabos, en lo primero que trabajé fue en un Minisuper, por lo que le tengo el cariño suficiente a este tipo de negocios y entiendo todo el sacrificio que hay que hacer (o mejor dicho que se hacía) para atender. En las temporadas altas de unos cuántos años atrás, el trabajo era durísimo: había que estar pendiente de todo, tanto de los clientes como de los proveedores, y ver si funcionaban bien los refrigeradores que se llenaban constantemente con distintas clases de bebidas que iban desde aguas de distintas marcas a bebidas de las más variadas, y traer cada tanto unas enormes barras de hielo que se picaban en trocitos pequeños para ponerlo en una especie de ataud metálico abierto (que a sus lados decía “Corona”, aunque ahora hay otros que dicen “Tecate”), en donde se llenaba de cervezas y hielo, para que los “gringos” y locales que pasaban por ahí antes de ir a la playa pudieran sacar bien frías todas las latas y botellas (con un poco de hielo extra si quisieran).

Esas cosas ya no se ven más, y no es porque la gente haya decidido no tomar cervezas frías, sino porque ya no vienen tantos turistas gastadores como antes, y en la ciudad se llenaron de Oxxo’s y otras tiendas que fueron reemplazando a los minisuper tradicionales. ¿Pero, qué pasó con los gringos? La mayoría de los gringos que vienen ahora a Los Cabos, ya no son esos que tenían el espíritu derrochador que venían antes, sino que ahora vienen otros más modestos que compran por anticipado la estadía en algún hotel, puesto que ahora, muchos les ofrecen el “all included” (“todo incluído”) en donde se quedan a desayunar, comer y cenar, y casi no salen de esos lugares para gastar en los negocios locales. Mientras que las autoridades se sacan el sombrero diciendo  que “éste año vinieron más turistas que el año pasado”, lo cierto es que cada vez vienen más turistas de éste tipo, “económicos”, que no gastan ni un peso en los negocios comunes de la ciudad, por lo que casi todo se queda todo en los hoteles, y los hoteleros (que son gente de otros estados o de otros países), se llevan todo el dinero a otra parte.

Pero volviendo al Minisuper “El Mandilón“. Cuando hablan de negocios tradicionales de Los Cabos, la mayoría solo piensan en el Squid Roe, pero yo también quiero hacer mención de “El Mandilón” por haber durado nada menos que… ¡Dos décadas y media!

Cuando ustedes hablan de tener constancia en el trabajo, o al contrario, cuando dicen que no tienen ganas de trabajar, yo les quiero decir que los dueños de “El Mandilón”, venían todos los días desde San José del Cabo, llueva o truene, salvo que la carretera esté inundada por alguna tormenta o huracán. ¡Eso es constancia!

Yo que vengo del país de la melancolía (Argentina), en donde en muchas esquinas están los negocios de “Café” (bares en donde venden más café que alcohol, en donde la gente se sienta con la excusa de tomar un cafecito de paso, pero con la intención de conversar de algo), yo sufro por la falta de lugares como esos. No solo faltan los buenos lugares para conversar, sino también escasean los buenos conversadores, con quienes se puede sacar provecho de la buena conversación, porque los buenos interlocutores enriquecen el momento, y al final, eso es lo único que queda.
En una ciudad donde yo viví la mitad de mi vida, Posadas, había un bar cultural que se llamaba “El Mensú“, el cual tenía un pequeño escenario para que la gente hiciera su obra de teatro para un público que generalmente se formaba por amigos o seguidores ocasionales. De la misma manera, tenían un piano, para que cualquier músico que quisiera se pusiera a tocar gratuitamente, o cualquier músico que pasaba por ahí se sentara un rato para tocar su guitarra y cantar. Una vez tuve la suerte de que llegó un gran músico que era muy conocido en esa ciudad, de nombre Ramón Ayala (no es ni tiene nada que ver con el músico mexicano del mismo nombre), y que para esa época, ya era un sabio como anciano, acompañado por una hermosa rubia alemana, alta y de piernas largas, que deslumbraba y rejuvenecía al artista. Pues, la cuestión es que el hombre sacó una guitarra de doce cuerdas (si, leyeron bien, dije “doce cuerdas”, aunque en realidad era de diez y no sé si esos instrumentos se llamen “guitarras” porque las guitarras solo tienen seis cuerdas), y me preguntó qué quería escuchar; yo solo dije “Posadeña linda”, y él cantó la mejor versión de esa canción, que jamás olvidaré, convirtiendo a mis amigos y a mi, en un público selecto y privilegiado. Ahí me di cuenta que los buenos lugares atraen a los artistas y éstos convierten en selectos al público, y no al revés.

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En Los Cabos no existen esos “Cafés literarios” ni “Bares de bohemia” en donde se fomente la Cultura, donde los clientes se acercan a platicar sobre Cultura, Literatura, Filosofía, Música, o solamente para entremezclarse con genios o ingeniosos poetas, fílósofos y medios historiadores locales que surgen espontáneamente apenas comienzan a intercambiar unas palabras…

Pues a veces yo sentía, cuando las condiciones se daban para la plática, que en ese lugar – “El Mandilón”- se podía dar una buena plática con los dueños y otros clientes ocasionales, transformando en mi imaginación en una especie de “Minisuper Cultural” donde en pocos minutos se podía hablar tanto con doña Aurora Cedillo (en las tardes) o con don Ramón Pimentel (en las noches y madrugadas). A éste último, lo puedo definir como un hombre lleno de sabiduría del pragmátismo choyero, que podía darte desde unas buenas ideas y consejos, hasta un rápido repaso por la historia y política local. Y mientras te hablaba de todo eso, ya te estaba convenciendo para que compres algo que no tenías en mente comprar, por lo que puedo dar fe que no he visto muchos comerciantes tan persuasivos como él. En cuanto a los clientes, cuando dos o más clientes se juntaban casualmente a conversar en la misma sintonía, durante la madrugada, ese lugar se convertía en una especie -en miniatura- del “Cafetín de Buenos Aires” descrito por Enrique Santos Discépolo en un tango que quedó encriptado en un lunfardo porteño difícil de entender por estos lugares.

Hoy estoy un poco triste, porque los negocios con historia se van, y llegan otros que parecen vacíos, sin alma, sin el plus que dan los que propietarios con una buena conversación. Ahora hay negocios con gente que atiende pero que no saben o no pueden conversar. Y estoy triste porque… ¡Es que veinticinco años es mucho! Y es por eso que ese negocio se merece mi despedida, y al igual que ustedes (trasnochadores de muchos años de ésta ciudad), sea que se trate del poderoso “Squid Roe” o del sencillo “El Mandilón“, ese lugar se merece la atención porque la trasnoche cabeña tendrá ahora una esquina vacía, un esquina menos en donde se podía pasar a comprar algo y decir algo de pasadita, así como escuchar una réplica ingeniosa que se podía extender por media hora, y salir de ahí con una sonrisa.

Si ustedes son meláncolicos como yo, seguramente también son unos supervivientes trasnochadores que tratan de rescatar historias y emociones invisibles de un pueblo de zombies en donde no se para de trabajar y en donde la mayoría solamente tiene la cabeza puesta para funcionar hasta el día siguiente. Y mientras todo eso pasa, los bohemios trasnochadores somos una especie de historiadores emocionales de un pueblo que de repente se convirtió en ciudad, y donde generalmente la gente ya no tiene tiempo para valorar la historia de tal o cual esquina. Sin embargo, yo sí recordaré que: “En esa esquina estaba El Mandilón”, porque 25 años no se borran con una mudanza o un local vacío.

Finalmente los dueños se fueron y yo no quise despedirme, porque no me gustan las despedidas, me hacen mal. Hoy me acerqué a esa esquina a tomar unas fotos para recordarlos, y puse la “ñata” (nariz) contra el vidrio para mirar el vacío que quedó adentro, que será igual o parecido a lo que se siente afuera. En el vidrio de la puerta había un letrero que simplemente decía: “El Mandilón. Muchas gracias por 25 años de preferencia. Gracias totales“. En la distancia yo les digo, gracias a ustedes por hacer de esa esquina un punto de referencia de Cabo San Lucas… Y, porque estuvieron yendo y viniendo todo el tiempo desde San José del Cabo a Cabo San Lucas, y viceversa, estos 25 años fueron suficientes para que se convirtieran en parte de la historia de Cabo San Lucas, y así, formaron parte de los últimos 25 años más gloriosos de Los Cabos. A ustedes… ¡Gracias totales!

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Categorías:Baja California Sur, Cabo San Lucas, Municipio Los Cabos, Notas, Relatos

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