Rompiendo paradigmas, casos de la vida real: Confusión de Género

¿Cómo debemos tratar a una persona de la cual no sabemos a qué género pertenece o cual prefiere ser? A veces las cosas no son lo que aparentan, y el trato se vuelve mucho más confuso de lo que creíamos.

Hace poco dije que me iba a tomar una pausa en las noticias, y lo que voy a publicar hoy no se relaciona con ninguna noticia. Les aclaro porque no quiero que lean todo y después me digan: ¿pero ésto qué tiene que ver con las noticias? No es noticia, es una historia de la vida real, de donde me surgieron muchos interrogantes, y así les comparto mis reflexiones personales, puesto que termino escarbando en mi propia psique para tratar de desentrañar sobre algunos casos de la vida misma, más compleja de lo que muchas veces pensamos. Aparte, agradezco los mensajes de apoyo y las invitaciones que me llegaron para participar en otros espacios, aunque por el momento declino amablemente porque no me siento útil para formar parte de proyectos ajenos. Todos mis respetos para esas propuestas, y espero que les vayan bien. Por mi parte, considero que los cambios requieren de un proceso, todo tiene su tiempo, y que toda “crisis” significa “cambio”, y en mis pensamientos, a la larga, todo cambio es bueno. Bueno, basta de divagar, y como me dijeron más una vez: “¡A lo que te truje, Chencha!“.


 

En la mañana de hoy me encontré en una situación muy particular, en donde no sabía cómo tratar a una persona que entró a mi negocio, y aunque aparentaba ser hombre, me di cuenta que era una mujer; una mujer con cabellos muy cortos (casi estilo militar) que se vestía como hombre, tatuaje en el cuello y un estilo muy masculino que podría ser confundida por apariencia y modales, con un hombre rudo.

Apenas entró, yo le saludé amablemente: “buenos días… señor… a...” (dudé), y mientras esta persona hablaba y buscaba algo entre sus papeles, yo solo pensaba sobre cómo debería tratarla -si como hombre o mujer-, para que se sintiera más cómoda o cómodo. Mi mente se llenó de dudas, y comencé a confundirme, por lo que le terminé diciendo alternativamente “señor” y “señora“, y le pedí que me disculpara más de una vez.

Luego que terminé de atenderle, no aguanté la curiosidad y le pregunté: “Quisiera saber cómo debo expresarme ante usted, para que se sienta más cómodo o cómoda“. Me refería a su estilo muy masculino, que hace que algunas personas nos podemos confundir y no saber si decirle ‘señor’ o ‘señora’. Ella sonrió y me dijo que de cualquier forma, que le daba igual porque ya estaba acostumbrada, y agregó que todo el tiempo la confunden. “En el trabajo, todo el tiempo me dicen ‘joven’” (en el sentido de “muchacho”), y me terminó diciendo que eso no le preocupaba.

Hasta ahí todo bien, porque me estaba dando vía libre para confundirme, pero luego dijo algo que me confundió mucho más que al principio: “para mi es bien claro, no sé por qué algunos se confunden tanto, yo nací mujer, tengo pechos de mujer (lo dijo agarrándose los pechos, los cuáles no se notaban por la camisa grande y suelta de hombre que utilizaba) y me gustan mucho los hombres”. Mi mente estalló en un montón de preguntas que no se verbalizaron, a las cuáles yo mismo trataba de encontrar respuestas. Si se siente mujer, ¿por qué aparenta ser hombre?, ¿Acaso le gustarán los hombres afeminados? ¿A que clase de hombres le atraen las mujeres que aparentan ser hombre? ¿A los homosexuales? ¿Acaso esos hombres no prefieren los hombres reales?

Al parecer, la frase “en la viña del Señor hay para todos los gustos” se aplica muy bien en este caso. ¡Qué complicado! Ya de por sí que las mujeres son demasiadas complicadas, pero ésto superaba con creces. Siempre había pensado que una mujer que aparenta ser hombre, era así porque le gustaban las mujeres, y en el fondo terminé dudando de lo que me dijo, ¿Realmente le gustaban los hombres o solo dijo eso porque no se animaba de decir “Sí, me gustan las mujeres y qué?”. ¿Tendría vergüenza de lo que es?, ¿Por qué? ¿Habrá pensado de que yo era el clásico mexicano machista? Tal vez, por eso tuve que decirle mi clásica frase para salir del paso: “disculpe, yo no soy de aquí“. Ella sonrió y en ningún momento mostró incomodidad ante mis preguntas, y eso me llamaba más la atención, y como soy un curioso por naturaleza, sentía que ésta persona me invitaba a curiosear.

En medio de todo eso, un rayo fugaz me hizo recordar a una reflexión que apareció hace muchos años en la revista Reader´s Digest, bajo el título “Cosas de la vida”, donde decía que una vez salieron del hospital tres personas y se subieron a un taxi, y como el taxista les preguntó si eran médicos, ellos les dijeron que sí, salvo uno que era psicólogo, y le desafiaron a que adivinara cuál de ellos era, a lo que el taxista dijo: “a mi eso me tiene sin ninguna preocupación“, por lo que uno de ellos le preguntó ¿por qué?, a lo que el taxista le respondió: “usted es el psicólogo“, y acertó.

Ésta persona venía a romper el “paradigma* de atracción inversa de géneros” que nos hace pensar que si una persona aparenta ser de otro género distinto a lo que es, es porque quiere atraer a los del mismo género que es. En otras palabras, éste paradigma nos muestra que somos como los lados de un imán, donde el positivo se ve atraído por el negativo, y viceversa. Por eso me hice muchas preguntas más. ¿Cómo tratar a una persona que aparenta ser lo contrario a su género? Y así, en mi nebulosa de dudas, traté de llegar hasta la raíz u origen de lo que ahora es, y eso me llevó a preguntarme, por ejemplo, si ella había adoptado esa imagen porque nació en un mundo de hombres rudos que la dañaron de niña por ser mujer ¿Cuánto habría sufrido cuando fue niña para terminar decidiendo vivir aparentando ser hombre?

Una persona que cambia o aparenta ser de otro género -pensaba yo- es porque algo le pasó cuando era niño o niña, y por eso yo le había preguntado respetuosamente ¿cómo prefería ser tratada (si como hombre o como mujer) para hacerla sentir más cómoda/o?. Pero a ésta persona eso no le preocupaba, por lo que le podían tratar de las dos maneras y todo estaba bien para ella.

Todo eso me hizo que yo siguiera preguntándome ¿Estaré quedándome tan viejo que ya no entiendo a las nuevas generaciones?, ¿Acaso estoy frente a un tercer género?, ¿Se tratará de un género andrógino* que no quiere ni necesita ser encasillado en los géneros básicos “preestablecidos”? Ésta persona no se daba cuenta cuán poderosa era, puesto que tenía un “as bajo la manga” al poder ser libre de ser encasillada, pero al final ella misma se encasillaba (quizás para conformar a los preguntones como yo): “soy mujer, tengo pechos y aunque me visto como hombre, me gustan los hombres“, con lo que me confirmaba que toda regla tiene sus excepciones, y que sobre gustos no hay nada escrito.

Finalmente, debo confesar que terminé más confundido que cuando comencé y, cuando nos despedimos, ella me saludó con una sonrisa, diciéndome “hasta luego”, y yo todo confundido le terminé diciendo: “hasta luego señor”.


 

Terminología:

  • Paradigma: Conjunto de sistemas que nos hace pensar de una determinada manera. Ejemplo: el paradigma “nazi”, donde la mayoría de los alemanes pensaban que maltratar a una persona de la religión judía estaba bien. Una vez aceptado un paradigma, solo puede ser reemplazado por otro, es decir, cambiando nuestra forma de pensar. La palabra PARADIGMA viene del Griego “Paradeima” y significa algo así como “Modelo”. Un paradigma es el resultado de los usos, costumbres, de creencias establecidas, hasta que es desbancado por otro nuevo paradigma. Otro ejemplo de ésto, podría encontrarse en el paradigma religioso del medioevo, donde todo lo relacionaban con Dios, de esa manera, también podríamos hablar de un paradigma cristiano, otro musulmán, otro judío, etc. Es una forma de pensar de acuerdo a un conjunto de creencias que nos hace ver la vida de determinada forma. En realidad es un un concepto muy amplio e interesante para estudiar, por lo que les recomiendo ampliar el estudio para “ampliar” sus propios paradigma. Hace un tiempo atrás, yo había escrito sobre el “Paradigma de Edgar Morin”, en una página que ya no tengo, y por lo que ese texto se perdió, y trataré de volver a escribir sobre eso para ampliar sobre el concepto de los Paradigmas.
  • Andrógino: Que tiene rasgos corporales ambiguos, que no se corresponden con los propios de su verdadero sexo.
  • ¡A lo que te truje, Chencha!: frase utilizada antiguamente en México, sobre una mujer llamada Chencha que era muy despistada y se distraía fácilmente de sus labores, por lo que su capataz le regañaba a cada rato diciéndole: “A lo que te truje, Chencha”, es decir, “haz lo que tienes que hacer”. “Truje”, derivado del verbo traer. Otra frase semejante sería: “Zapatero a tus zapatos”.

Más información

Anuncios

Un comentario sobre “Rompiendo paradigmas, casos de la vida real: Confusión de Género

Agrega el tuyo

Yo opino...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: