#Relato Una noche de terror después del Huracán #Odile #LosCabos #BCS

odile001Diez días después de que el Huracán Odile arrasara con el municipio de Los Cabos, la población comienza lentamente a volver a la vida normal. Poco a poco se restablecen los servicios básicos: Electricidad, Agua potable, Internet.

Cabo San Lucas, BCS.- El domingo 14 de septiembre será recordado por mucho tiempo por todos los que vivimos en Los Cabos. Ese día, el Huracán Odile, llegó a Los Cabos entre Categoría 3 y 4, destruyendo casi el 40% de lo que encontraba a su paso. Posteriormente, llegó otro “ciclón” mucho peor, más desvastador… Un “ciclón humano” que arrasó con los negocios de Los Cabos, destruyendo incluso aquellos que no habían sido tocados por los vientos de Odile.

Huracán OdileSi el Huracán Odile fue sorprendente, por la cantidad de daños causados, el “ciclón humano” fue impresionante. Nunca antes se había visto en Los Cabos tantos postes -de electricidad y telefónicos- tirados, parecían como si fueran unos palillos de mondadientes (o escarbadientes) desparramados fuera de su caja. Pero tampoco, nunca antes se había visto un “maremoto” de gente dispuesta a saquear a los negocios, atacando a cualquier comercio: pequeños y grandes que tuvieran los vidrios quebrados o sin quebrar, nada les importaba. La delincuencia se adueñó de las calles y desde aquí puedo decir que se vivieron momentos de terror e incertidumbre a gran escala… Mientras veía todo eso, no paraba de pensar ¿Dónde están las autoridades? y en mi mente rebotaban unas palabras: “¡Adiós Paraíso! ¡Los Cabos ha muerto!“.

Durante el Huracán

Huracán OdileEl huracán Odile terminó de pasar en la madrugada, mientras que a plena oscuridad ya comenzaban a pasar corriendo los delincuentes de la oportunidad, aprovechando para robar desde temprano. Tras una noche intensa, donde cada ráfaga de viento se escuchaba como una bolsa de gatos en celo, con maullidos desenfrenados, los primeros rayos de luz fueron como una señal divina de que todo ese horror se había terminado.

En Cabo San Lucas, el Huracán Odile nos dio una breve pausa de tranquilidad gracias a que el “Ojo del Huracán” pasó por encima de esta ciudad, mientras que en San José del Cabo y en otros lugares cercanos no tuvieron la misma piedad, y los impresionantes vientos fueron constante.

Huracán OdileTras los primeros rayos del alba llegó la tranquilidad definitiva con respecto a Odile. “¡Sobrevivimos!” pensé en secreto y tenía muchas ganas de abrazar, pero no lo hice para mantener la apariencias de que no me había asustado. Pero al abrir la puerta y salir a la calle, pude comenzar a ver el desastre. En la noche, el huracán había arrancado techos, paredes, tinacos, letreros y derribado postes -de electricidad y de líneas telefónicas-. Se escuchaban ruidos hasta entonces desconocidos para nuestros oídos, como si arrastraran chapas metálicas, a las que el viento envolvía como si fueran bollos de papel. Mientras tanto, los postes caían cerca, uno tras otros, y cada tanto tronaban algunos transformadores de electricidad. Mientras todo eso ocurría, se escuchaban los tenebrosos sonidos de Odile, que sonaban como “maullidos de gatos”, el viento huracanado hacía erizar la piel.

Al salir a pasear por la ciudad comencé a ver la cruel realidad de Los Cabos: vidrieras rotas, letreros tirados, bardas desmoronadas con portones arrancados… y casi todos los techos de palapas que adornaban los grandes restaurantes terminaron colapsando.

Huracán OdileUna de las cosas que recordaré toda la vida, fue la expresión de una mujer que se veía exhausta; se trataba de la dueña de una taquería que queda en el centro de la ciudad y ella se había quedado ahí, casi al descubierto, en plena intemperie, a cuidar su negocio. El techo de lámina que cubría la taquería fue parcialmente arrancado y para colmo, su negocio era abierto -al mejor estilo de las taquerías sinaloenses-, es decir, sin paredes ni vidrieras al frente. Cuando la vi, le dije: -“Señora… ¿no me diga que usted pasó la noche aquí?“. Ella me miró muy exhausta, y moviendo la cabeza, apenas me dijo que “sí”, -“¿Pero dónde se resguardó? pregunté yo con total asombro, y ella apenas alcanzó a mover su dedo para señalarme que se había escondido detrás de un mostrador de concreto, ahí donde cortan la carne y las cebollas. La mujer resistió ahí, mientras que los impresionantes vientos le azotaron casi toda la noche.

Huracán OdileDespués de eso, comencé a caminar, y desde temprano deambulé como un zombi con una cámara fotográfica, queriendo captar el desastre tras el paso de Odile. No fui el único, iba con un amigo, y poco a poco, la gente comenzó a llegar al centro, en vehículos o caminando, con sus cámaras o celulares iban captaban todo en fotos o videos. Caminamos por todos lados, siendo testigos del desastre, viendo como la playa se transformó en un basurero, y los atracaderos de los muelles parecían balsas flotantes… algunos yates estaban varados y unos botes pequeños estaban hundidos.

Los primeros saqueos

IMG_5884El instinto salvaje y bestial de la gente, fue brotando espontáneamente ante tremenda muestra de desamparo que provocaba ver la ciudad destruida y la notoria ausencia de las autoridades. Decenas de enloquecidos bravucones se comenzaron a reunir frente a algunas tiendas que estaban con las vidrieras destruidas, como si se trataran de lobos hambrientos que habían olfateado la sangre de una presa mal herida. Cuando los lobos se concentran en una presa, no paran de perseguirle y rodear hasta que finalmente le atacan. le dan muerte y la deshuesan. Así fue como ocurrió en las tiendas de Los Cabos: hombres y mujeres, “cabeños” y “fuereños” se acercaban a las tiendas con intención de robar, y terminaron saqueando en masa para mantener su impunidad.

IMG_5836Después del mediodía, me avisaron que estaban saqueando una tienda… Y pese a que yo estaba con los pies adoloridos y descansando del maratónico recorrido de la mañana -en la que había salido a tomar fotos-, salí enseguida a tratar de ver lo que ocurría, casi sin creer en que en realidad se trataba de algún saqueo… Antes de llegar, yo pensé “¿Saqueos? No creo, esas cosas no pasan aquí en Los Cabos”. Sin embargo, me aferré a mi cámara y me fui entre trotando (o caminando con pasos rápidos) hasta ese lugar. Se trataba de una tienda OXXO que se encuentra en la calle Leona Vicario y Carranza, allí estaba la gente sacando bolsas de mercaderías. Algunos pasaron cerca mio, pero inclusive ahí, pensé que solo estaban comprando en mayoreo (“compras de pánico después del huracán”, pensé yo)… Pero no estaban comprando, mi ingenuidad se desmoronó cuando comencé a ver que se llevaban computadoras, muebles, hasta la máquina para cobrar con tarjetas de débito o de crédito (como si eso les pudiera servir)… Se trataba sin dudas de vil saqueo.

[Video grabado en la primer tienda saqueada en Cabo San Lucas]

IMG_5823El lugar había sido golpeado por el huracán, dejándolo “herido” (con las vidrieras rotas)… desprotegido. El gerente y sus empleados no pudieron hacer nada ante la irracionalidad de esos brutos salvajes que solo entraron a robar. Una patrulla de la Policía Turística (del Municipio de Los Cabos) estaba allí. Yo pensé que habían llegado para poner orden. Sin embargo, los testigos no tardaron en decirme que los policías habían llegado ahí también para saquear. Tomé fotos, y me puse a hacer entrevistas tanto a los observadores como a los mismos saqueadores, todos ellos coincidían: “los policías comenzaron a saquear“, dijeron unos; “ellos organizaron a los saqueadores“, dijeron otros… Y siguieron: “los policías dijeron: ‘primeros nosotros y después ustedes’“, me comentaron los mismos saqueadores. “Ellos sacaron toda la cerveza y después nos dejaron a nosotros saquear todo lo demás“, dijo un niño que llevaba algo en las manos. Todos los testimonios apuntaban a los Policías municipales. Según tengo entendido, esa fue la primer tienda en ser saqueada.

Patrulla que participó en el primer saqueo en Cabo San LucasSi los policías hubieran hecho bien su trabajo, poniendo Seguridad, los saqueos no hubieran ocurrido en Los Cabos, o a lo mejor no hubieran pasado con tanta facilidad, pero cuando los delincuentes disfrazados de pueblo vieron que no había autoridad en Los Cabos, y que hasta los policías robaban, los rapiñeros no tardaron en organizarse más: primeros eran unas pocas decenas, después fueron centenas y hasta miles, recorriendo la ciudad mirando que podían saquear.

Fue ahí, la primera vez en mi vida que me decepcioné de la gente de Los Cabos. Obviamente que no eran todos “choyeros” (genticilio de los locales) pero tampoco voy a apoyar el cinismo de algunos que terminaron jurando y perjurando que los “choyeros” no fueron los culpables, sino que la culpa recaía en la gente de afuera. ¡Patrañas! ¡Yo estuve ahí de testigo! Allí estaban todos juntos y revolcados, como cerdos de todos los colores en un hediondo chiquero, como carroñeros hambrientos que deshuesan a la víctima… y lo peor de todo, es que solo habían pasado unas horas después del paso por encima de Los Cabos del Huracán Odile.

saqueador-los-cabosEstoy convencido de que todos aquellos que vieron a los policías participar en algún saqueo, de alguna manera -directa o indirecta- no podrán volver a confiar fácilmente en las autoridades, al menos por unos años, hasta que se cierren las heridas. Sería mejor que renuncien todos, o al menos despidan a los jefes para que todo vuelva a una apariencia de limpieza moral. En la calle Morelos vi a otros agentes del Orden, estaban deteniendo a los saqueadoes que venían del centro… Bueno, yo pensé que al menos algunos estaban haciendo un buen trabajo, pero después vi que les miraban las bolsas o cosas que llevaban entre las manos o entre sus brazos, y les decían: “ésto déjalo… y sigan caminando“. Los saqueos selectivos y descarados ocurrieron a plena luz del día, y fueron realizados por los policías municipales… Se repitieron sin disimulos en muchas partes de la ciudad.

Mientras ocurría todo eso, los saqueadores se organizaron cada vez mejor, iban “reclutando” a más personas, y escuché que decían: “ahora vamos otro Oxxo que está por [tal calle]”)…, y así consecutivamente los negocios fueron cayendo como fichas de dominó, debido a que en la tienda siguiente se juntaron cada vez más y continuaron con otras tiendas, cayendo en el camino tienditas pequeñas y tiendas grandes, hasta terminar con casi todas.

Cuando ya se acabaron con las tiendas, comenzaron a acercarse a los supermercados que estaban custodiados por soldados del Ejército, no tenían miedo porque eran demasiado, y hasta los soldados tuvieron que ceder, convenciendo a los gerentes de esas grandes tiendas que era mejor a que dejarles que saqueen a que hubieran muertos. En algunos lugares les dejaron entrar para que tomen alimentos, pero los salvajes saqueadores transgredieron las improvisadas barreras y entraron a otros pasillos, y desde allí se robaron electrodomésticos, computadoras, y televisores de pantallas planas. No respetaban nada, ni el valor de la vida humana, puesto que me llegaron los rumores de que un bebé murió aplastado, en el saqueo que hicieron en Soriana.

Sin electricidad y sin Internet

IMG_5811Durante los saqueos de ese día, la gentuza parecían langostas voraces que arrasaban con todo. Yo veía pasar a los ladrones a mi lado, sin poder hacer nada, ¡Eran demasiados! Yo andaba enojado con los saqueadores porque habían arruinado la reputación de Los Cabos. Ellos pasaban a mi lado y yo estaba dispuesto a pelear con cualquiera de ellos, sabiendo que no podría hacer nada y que perdería todo ante el primer machetazo de estas bestias salvajes. Así que me tranquilicé y me fui de ahí, sacando fotos y tomando videos hasta agotar la batería de mi cámara. Fue ahí cuando me di cuenta de que éste comunicador social -yo-se había recibido de reportero y hasta de corresponsal de guerra. .

Lamentablemente, todo ésto de los saqueos fue un “notición” impresionante que no pude publicar inmediatamente porque no tenía Internet: IMG_5804el huracán había arrancado los postes, dejando a la ciudadanía en general sin Electricidad, Teléfonos e Internet. Solo algunos celulares funcionaron por momentos. Desde esos celulares, los vecinos comenzaron a revisar las noticias y se enteraban de los comentarios en las redes sociales -la mayor parte de las noticias fueron publicadas en la ciudad de La Paz… Muchos vehículos iban y venían de Los Cabos a La Paz: algunos se iban para escapar “de los saqueos de Cabo”, y otros que podían , vinieron para curiosear por unas horas o para traer mercaderías.

Ahí fue cuando se vio la falta de apoyo de los gobiernos -estatal y municipal- a los medios de comunicación independientes como Noticabos. Hubiera publicado información oportuna que en esos momentos se convierte en información vital, tanto para los que estábamos adentro del municipio y para todos los que querían saber qué pasaba en Los Cabos. Si las autoridades hubieran estado presentes, no hubieran ocurrido estos desmanes y saqueos…, a lo mejor todo esto no hubiera llegado a tanto…, pero como dicen que los “hubieras” no existen, todo esto fue como ocurrió y ha manchado -para siempre- la reputación de Los Cabos.

IMG_5639Todo eso me hizo pensar, que los “Guardianes del Orden” se convirtieron -en esos momentos- en una borrosa caricatura de sí mismos, y se mostraron como una banda de delincuentes con rangos y uniformes. Pero tengo que aclarar que ahí no estuvieron todos los uniformados, puesto que yo no vi saqueando a ningún estatal, ministerial, ni mucho menos a los soldados ni marinos. Los únicos policías que estuvieron saqueando fueron los policías municipales, y lo hicieron con tanta desfachatez que ni siquiera se quitaron los uniformes para hacerlo… Mancharon la honorabilidad de una Institución que quedó en Crisis, y lo peor de todo, es que ¡Todos ellos habían aprobado los Exámenes de Confianza que les tomó el Gobierno Federal! ¡Ja! ¡Exámenes de “Confianza”! La Confianza se transformó desde entonces en una palabra ridícula que no sirve para etiquetar a las autoridades.

[Video: testigo dice: “Los policías municipales se llevaron todo”]

gustavo-zarzaPero la falta de Internet no pudo silenciarme, pese a que estuve diez días sin poder publicar nada… Al contrario, volví con más ganas que antes. La falta de Internet no me hizo callar, puesto que levanté mi voz entre los vecinos, y prometí a más de uno que contaría la verdad. La verdad, señoras y señores, es que la Policía Municipal de Los Cabos es la que comenzó a saquear, y si no fueron los primeros, al menos estuvieron entre los primeros. Y lo digo así, de frente, con mi fotografía a la vista, sin que me importen las consecuencias. [Actualización: Comandante de la Policía Municipal de Los Cabos va a la cárcel por Robo en hechos relacionados con los saqueos que ocurrieron después del Huracán Odile]

Al gobierno municipal, estatal y Congreso, deberían darle vergüenza por no apoyar a la Prensa Libre.

[Video. Momentos después de los saqueos en Los Cabos #Huracán #Odile]

¡Ahí vienen!

colonia-juarez-huracan-odileAhora voy a contarles algo que jamás pensé que viviría. Al día siguiente del paso del Huracán Odile por Los Cabos, la gente comenzó a caer en pánico por una serie de rumores que fueron creciendo como bola de nieve.

Después de los saqueos, comenzaron a surgir rumores de que los rapiñeros estaban saqueando casas, violando a mujeres, raptando niñas y matando a hombres. Era una locura de rumores, pero cada vez eran más y más, y hasta los vecinos de confianza andaba diciendo eso. Al final, uno terminaba escuchando por todos lados, y así era fácil caer en la credulidad.

¿Cómo comenzó todo esto? La gente iba a buscar mercadería para subsistir, cada vez más lejos, debido a que los negocios cercanos ya estaban saqueados. Al decir verdad, la población no se había preparado para este Huracán, debido a que “siempre” los huracanes se desviaban de Los Cabos, Y como en un acto masivo de Fe, los habitantes de este municipio esperaban que a “último momento” cambiara de rumbo. Por eso es que muy pocas personas juntaron provisiones con tiempo, y después del huracán, andaban todos desesperados buscando mercadería básica: agua, alimentos no perecederos, etc.

Así fue como la gente tuvo que ir cada vez más lejos, hasta que terminaban concentrándose en los pocos lugares abiertos: los supermercados. Desde allí, la gente comenzó a escuchar rumores, los cuales esparcían en sus casas y entre sus vecinos.

Los vecinos llegaban a sus colonias, y todos los demás se enteraban de lo que decían en los Supermercados, y los rumores crecen como bolas de nieve… “en el camino vimos una camioneta con hombres armados“.. “dicen que ya están entrando en las casas“. Al principio la gente hablaba de una camioneta con un grupo indefinido de hombres armados, pero después ya definían la cantidad y hasta la condición social: “eran tres o cuatro camionetas“, “iban 60 hombres armados“… “100 cholos con machetes“, etc.

Era posible que anduvieran hombres armados en camionetas, pero no podría explicar (si es que existieron), con qué intenciones andaban así: podría ser que iban armados para proteger sus compras, o simplemente para continuar saqueando en otras tiendas, pero no era nada creíble que estuvieran saqueando viviendas, salvo aquellas que estaban vacías.

Lo cierto es que, del saqueo de las tiendas se pasó al rumor cada vez más fuerte de que andaban saqueando viviendas, y la Policía Municipal parecía haberse escondido después de los primeros desmanes, al igual que las demás autoridades. Ahora estábamos indefensos, éramos solamente unos vecinos contra un -supuesto- grupo armado que venían atacando todo en el camino, como una horda de hunos, que cortaban las cabezas e incendiaban las chozas que encontraban por el camino.

Los que leen esto (desde otros lugares o tiempos lejanos), se reirán de todo ésto, y creerán que desarrollábamos la imaginación por pasar tantas horas en ocio, pero les aseguro que -tarde o temprano-, hasta el más escéptico como yo (que me burlé varias veces de esos rumores), terminamos creyendo que realmente vendrían.

¡Ahí vienen!” ” eran los gritos que más resonaban en las distintas colonias de Los Cabos. “¿Qué hacemos?“, me dijo una vecina que andaba organizando a otras, -“Vayan para adentro que ésto es cosas de hombres” le respondí yo… Afuera nos quedamos los hombres, armados en la calle, esperando lo que sea, hasta la muerte, con tal de intentar proteger a nuestras familias y a las de los vecinos. Fue en ese momento cuando me prestaron una linterna y un garrote.

Nunca entenderé como es que los vecinos de distintas colonias, sin conexión alguna (no había teléfono ni Internet), e inclusive de otra ciudad (tanto en Cabo San Lucas como en San José del Cabo) pudimos terminar tomando decisiones tan parecidas, como por ejemplo: en distintas partes de Los Cabos se hicieron barricadas, se usaron contraseñas, camisetas blancas, etc. Lo que yo les cuento que pasó en mi colonia, también pasó en otras, y eso lo sé porque en los los días siguientes hablé con muchas personas de distintas colonias y ciudades, y entre risas y nervios me dijeron: “eso también pasó en mi colonia“.

Cualquier grito lejano o movimientos inusuales de personas (que pasaban corriendo o vehículos que pasaban haciendo ruidos de frenadas o aceleradas), eran suficientes para que -otra vez- dijeran: “¡Ahí vienen!” y les aseguro que hasta el padre o “cura” de una Iglesia cercana, se desaparecía en esos momentos, por lo que designó a un encargado para que hiciera sonar la campana.

 La noche de las Camisetas blancas

Mientras que en el resto de México se recuerda el 15 de Septiembre como la “Noche del Grito de la Independencia“, en Los Cabos se recordará como “La noche de las Camisetas blancas“.

noche-huracan-odileDurante el atardecer del segundo día, después del Huracán, los vecinos comenzaron a salir de sus casas, debido -en parte- al extremo calor, y también a causa de las olas de rumores que fueron creciendo durante toda la tarde. Se suponía que enseguida iban a llegar los malandrines, así que primero se hicieron barricadas y se encendieron fogatas en las esquinas, y cada uno comenzó a preparar su propia arma. Yo tenía un pequeño caño o tubo todo herrumbrado que saqué de una vieja escoba metálica, pero me di cuenta enseguida que mi “arma” daba lástima al lado de los garrotes y machetes de los demás. Uno trajo maderos gigantes, con lo que improvisó unos enormes garrotes, otros traían largos cuchillos y peligrosos machetes. La artillería pesada de casi todos, eran: bombas Molotov. No sé cómo nos pusimos de acuerdo con eso, pero en casi todas las colonias llegamos básicamente a las mismas armas: piedras, palos, caños o tubos, cuchillos, hachas, machetes, y bombas Molotov.

Las barricadas eran para que los supuestos malandrines no se desplazaran con facilidad, y casi todas las calles aledañas estuvieron cerradas, con barricadas y fogatas. Les puedo asegurar que si algunas camionetas con hombres armados” llegaban a pasar, éstos iban a ser recibidos con bombas Molotov desde la calles y las terrazas…  y si esos supuestos “saqueadores de viviendas” se enteraron de nuestros planes, seguro que lo iban a pensar al menos dos veces si es que no terminaban temblando de miedo como nosotros lo hicimos antes.

Las fogatas tenía que mantenerse encendidas en las esquinas, por lo menos donde estaban los guardias, y la lumbre nos cobijó del clima temblado que llegó en la madrugada y duró hasta el amanecer. Yo amanecí recostado en la banqueta, dormitando cerca del calorcito de una fogata que se languidecía y que ya solo humeaba.

Durante el atardecer y el anochecer, varias veces gritaron “¡Ahí vienen!“, y todos nos levantábamos a correr con lo que teníamos en la mano, de un lado al otro, de esquina a esquina de las cuadras. Eso ocurrió como unas cinco veces en total, y personalmente, yo terminé exhausto.

Cerca de la ocho de la noche, nos avisan los de la otra cuadra, que harían una reunión en un esquina, y hasta allá fuimos, dos representantes por cuadra. Tendrían que verme o podrán imaginarme, soy un tipo tranquilo que a lo mucho termino siendo un poco gruñón, pero hasta allá llegamos, en la esquina de la reunión. Íbamos con potentes linternas prestadas y nuestras armas (palos, cuchillos, y machetes). En el camino nos alumbraron varias veces los otros vecinos, hasta que finalmente llegamos… En el lugar estaban los demás vecinos reunidos en plena esquina, formando un circulo sobre el pavimento, todo eso parecía irreal, como si fuéramos parte de una secta.

El lugar estaba muy oscuro y regañaron a un joven indiscreto que alumbró al rostro de algunos, a tal punto que parecía que le iban a hacer algo. A otro joven le obligaron a decir porqué había tomado una foto, quién era y para qué lo quería. Les puedo asegurar que no cualquiera se animaría a quedarse en esa reunión. Llegamos tarde, y me tuve que quedar atrás, por lo que no pude escuchar toda la discusión, pero sí puedo afirmar que fue muy intensa. Finalmente se acordó -entre la mayoría-, que los defensores o guardianes vecinales utilizaríamos Camisetas blancas para identificarnos de los malandrines -que supuestamente andaban de negro-, como si éstos no tuvieran camisetas blancas para ponerse y arruinar así nuestro plan secreto… por las dudas, también decidieron que agregaríamos una contraseña: “Pancho pantera” y con eso nos tendrían que dejar pasar por cualquier esquina sin demorarnos o necesidad de perder tiempo. La próxima reunión sería en dos horas…

A las dos horas, otra vez el mismo show. Caminamos en grupos, dos por cuadra, esta vez ya no fui, sino que fue un muchacho al que llamaré “el delegado” y otro que no recuerdo. El delegado se tomó el asunto muy en serio desde el comienzo, corriendo como un mensajero azteca para llevar la información a los otros puestos de avanzada, donde estaban muy pocos y no podían enviar a alguien.

La noche fue larga, y en la tercera reunión me tocó ir nuevamente, acompañando al “delegado”. No había elecciones o forma de decidir quién iría o quien no, sino que eran puras convicciones personales: iba el que quería y finalmente yo terminé aceptando esa “responsabilidad”, puesto que podía retransmitir el mensaje casi de memoria, y me servía para conocer más a mis vecinos.

Aunque soy extranjero, comencé a proponer sin importarme por mi acento, y todos me terminaron aceptando. Fue la primera vez en mi vida que me sentí “más mexicano que el nopal”, yo era uno más, y las reuniones eran como reuniones de hermandades secretas, algo parecido a como si estuviéramos en una prisión de máxima seguridad pero al aire libre, donde el uniforme era andar de blanco, pero con armas. Algunos tapaban sus rostros con grandes pañuelos o alzando sus propias camisetas, e iban armados con hachas, dando una imagen de peligrosidad más terrible que aquellos que portaban machetes. Nunca pregunté a mis vecinos si hicieron algo malo en el pasado, ahí no importaba, éramos como “hermanos”, y nos volvimos como “cholos sin tatuajes“… todos corríamos parejos.

Finalmente, en la nueva reunión se acordó una nueva contraseña, a causa de que algunos creyeron que la otra contraseña se había filtrado a espías de otras colonias… la nueva contraseña sería: “Gallo“, y -con el correr de los días- se transformó en una especie de saludo vecinal.

¿Gallo o Pollo?

Las reuniones eran cada dos horas y solo servían para confundirnos más. Al principio teníamos una contraseña: “Pancho pantera“, pero después ya cambiaron a “Gallo“. Después surgieron otras variantes, como: “gallo alerta” o “gallo apoyo“, “gallo confirmado“, etc. Sobre algunas de esas claves ya habían conversado en la reunión que falté, y “el delegado” no me dijo nada. Más tarde, ocurrió una confusión que después terminó causando risas y carcajadas entre todos los demás vecinos…

Después de correr varias veces en la oscuridad como loco, a toda velocidad, pasando sobre obstáculos que parecían invisibles pero que nosotros ya conocíamos de memoria, y llegar hasta el final de la calle para que finalmente nos dijeran que era una falsa alarma, llegó un momento en que yo ya no quería más. Fue allí cuando llegó una mujer desde el centro de la colonia gritando “pollo, pollo“. La mujer venía corriendo mientras “aleteaba los brazos” para llamar la atención, y repetía: “Pollooo“.

Yo la miré, estaba muy cansado y solo sonreí mientras que pensaba: “esta vieja ya se olvidó la contraseña, ¡no era pollo, era gallo!” y no le hice caso. La mujer siguió acercándose, y ya casi sin aliento gritó enojada: “…pollo, …pollo” mientras nos miraba… algunos salieron corriendo, pero otros como yo, nos quedamos mirando, yo pero yo reconozco que la miraba como diciendo “es gallo y no pollo“.

Finalmente, la mujer gritó con sus últimas fuerzas…. ¡A… POLLO!“… Y fue ahí cuando me llegaron las dudas y le pregunté a uno que se quedó a mi lado: “¿Qué está gritando esa vieja… un pollo?” y el vecino que también estaba cansado, me dijo (casi deletreando): “A-PO-LLO“, por lo que yo finalmente entendí y respondí fuerte: “Ahhh, ¿y porqué no dice bien ¡APOYO!?” (cabe aclarar que yo tengo una marcada tonada foránea, y lo dije con una tonada que causó mucha gracia a todos los vecinos y lo comentaron durante las siguientes noches). En mi defensa puedo alegar que existieron otros “vecinos vigilantes” que también escucharon algo sobre un pollo.

Las contraseñas, gallo, pollo, y todo eso, nos causaron mucha confusión, y al día siguiente, todavía andaban algunos vecinos gritando “Pancho pantera“.

 Todas falsas alarmas

La peor noche de mi vida, sin exagerar tanto, fue esa, “la noche de las camisetas blancas“. Durante la tarde se decían que la gigantesca banda de malandrines andaba “colonia por colonia” saqueando viviendas, violando mujeres y robando “chamacas” (mujeres adolescentes). El miedo creció como una imparable bola de nieve, y yo mismo terminé convencido de que eran una hordas de salvajes hunos que venían liderados por el mismísimo Atila.

Recuerdo que inclusive, tras la primera falsa alarma, le acusamos al sacerdote de la Iglesia, por haber tardado demasiado en hacer sonar la campana, pero él se había escondido en la Iglesia y había dado el encargo de esa responsabilidad a un vecino de confianza.

Entre otras cosas que puedo contar, diré que había un niño de once años que preparó armas al estilo Rambo, atando cuchillos de cocina al extremo de unos largos palos, para tener unas especie de “Lanzas de Tramontina” listas para defendernos. Posteriormente, ese niño, al que desde hoy respeto casi tanto como al Che Guevara, me trajo alcohol, tequila y gasolina, para hacer unas “bombas Molotov”.

Después de recorrer otros puestos y ver mejor el panorama, me quedé más tranquilo. Durante casi toda la tarde y noche, había estado tratando de convencer a los vecinos de que era imposible que lleguen los malandrines hasta nuestra “fortaleza“, debido a que los vecinos de las cuadras cercanas estaban mejor armados que nosotros. Para que esa “horda de delincuentes” llegaran hasta nosotros, tenían que atravesar a otros vecinos que tenían decenas de bombas Molotov, machetes, y hasta armas de fuego… Yo pensaba que las armas de fuego estaban prohibidas en México (o que eran muy difíciles de conseguir), pero entonces no entiendo ¿cómo es posible que corrieran los rumores de que algunos vecinos de más arriba tenían una AK 47 y otro andaba con una temible “antiblindados” calibre .50? Mejor no digo nada más al respecto.

Si una “banda de cien delincuentes” saliera de las colonias más lejanas con la intención de llegar hasta el centro, caerían baleados, macheteados e incendiados por el camino, y apenas llegarían hasta la meta uno o dos muy mal heridos. Los demás terminarían “caídos en batalla”.

Todo esto les parecerá irreal, pero yo lo viví, y les aseguro que así ocurrió., y lo recuerdo como si fuera un sueño borroso por el extremo cansancio que tenía, con imágenes que parecían sacadas de una patética película de terror, mezclada con las tintas de la ansiedad y adrenalina. Otra falsa alarma más, y habríamos terminado cometiendo serias equivocaciones entre nosotros mismos, como cuando un guardia de una esquina cercana se emborrachó, y e intentó queriendo encender la basura que se encontraba ahí tirada, para iluminar su esquina… pero terminó quemando una palmera. Por suerte, para todos nosotros, “el delegado” corrió más veloz que todos, y se convirtió en un improvisado bombero, arrancando las hojas de la palmera, y mandó al borracho a traer un balde de arena, con la cual apagó el fuego de la palmera, apaciguando ese conato de incendio… De esa manera, evitó que el fuego se propagara hasta un “tabledance” aledaño. Y si ustedes me preguntan ¿Dónde estaban los Bomberos? yo les diré: el Cuartel de Bomberos de Cabo San Lucas se encuentra a una cuadra de ese lugar, y aunque “uno de los nuestros” fue a pedirle ayuda, para conseguir -al menos- un extintor o matafuegos prestado, ellos se encontraban acuartelados con machetes, sin asomar para ver el mentado conato de incendio… Y si por casualidad llegaron a ver el humo de “nuestra” palmera quemada, solo habrían  pensado que los “malandros” ya habían llegado hasta nuestra posición, y que venían incendiando todo a su paso.

Ya para terminar, ya después de tantos rumores, yo les pregunto por si alguno de ustedes vio algo más ¿Alguien me puede decir si realmente existieron esos “Cien macheteros cabeños” o fueron puro cuento choyero, como “Alí Babá y sus cuarenta ladrones“?


Más información

Comandante de la Policía Municipal de Los Cabos va a la cárcel por Robo en hechos relacionados con los saqueos que ocurrieron después del Huracán Odile

Anuncios


Categorías:Baja California Sur, Cabo San Lucas, Clima, Huracán, Municipio Los Cabos, Notas, Notas de opiniones, Notas de Revista

Etiquetas:, , , ,

27 respuestas

  1. Excelente narración la e leído mas de 4 veces y se me sigue rizando la piel haciendo un nudo en la garganta. … que dias tan pesados tan difíciles donde la sociedad actuamos tal cual animales fueron dias de pánico miedo terror la vdd respecto a las barricadas y fogatas etc ya ahora en mi cama con mi celular agusto me puedo reir tranquilo pero jamas olvidare esos momentos de angustia ver la cara de preocupación de mis padres conocidos
    vecinos amigos etc.algo que jamas quisiera vivir nuevamente ver a mis vecinos en sus guardias atrincherados con radios frecuencias claves armas de fuego hasta el qie que menos pense salio con su 9 milímetros y hasta con permiso resultó aunque en esos dias era lo de menos los vecinos estaban dispuesto a todo se les notaba en la cara en las miradas que facil no les permitirían yebarse lo poco que que con esfuerzo habian logrado escuchar varias detonaciones de armas eso que con el pretexto de hacerles ver a malandrines que estábamos armados y que éramos igual de aventados que ellos o hasta peor …cabe mencionar que vivo en un fraccionamiento que esta separado de un arrolló con lomas del sol atras una invacion y lo otro lado una colonia magisterial y por otro lado una colonia privada pues salieron a relucir armas motos bokitokis silvatos cual la guerra se trataba as de cuenta nunca me habia sentido tan valiente o bueno eso era la unica opción que ne quedaba jajaja fueron dias difíciles pero tmb por un lado buenos conocy mejor a los vecinos cenabamos como si fuera un cuartel todos juntos a la misma hora jajaja era una películastylo zombies algo asi …que dia quedara para la memoria de muchosssssssss.
    “valiente”

    Me gusta

  2. Es impresionante lo que se vivió, algunos no tuvimos tanta dificultad, pero cuantas historias se quedaran sin ver mas allá.

    Me gusta

  3. Es verdad, yo anduve de guardia 4 días y fue una experiencia única. Mis vecinos me admiraban porque yo los velaba. En una ocasión detuvimos una moto que ustedes ¡Ya se imaginarán que vendía! Me acuerdo bien, prácticamente lo tiramos al suelo con todo y moto es que no se quiso detener, lo que dijo me asustó (van a venir varios con armas déjenme ir). Lo peor fue que un compañero le puso un arma blanca, ese fue el motivo del enojo del motociclista. Bueno paso eso, yo daba la señal si venía carro. Gente. La verdad no daba sueño, tenias que estar alerta, recuerdo mi contraseña: “el faro cabeza de ballena”, entre otras. Aquí en mi colonia se oían muchos rumores, yo lo hice con el afán de que mis hermanas y sobrinos descansarán, solo eso me motivaba a quedarme en la calle a vigilar solo. Recordar me hace reír, lámpara en mano y silbato en la boca, a las 7 a.m. nos metíamos a descansar esa fue la causa de que perdiera mi trabajo en el Hotel Hyatt pero ni modo, por lo menos estoy contento de que no nos enfrentamos a nadie… ¡Ah! mil gracias a mis ex vecinos que me regalaron una ¡¡¡BOLSA DE HIELO!!! que en esos días, una bolsa de hielo no había en toda la zona de Los Cabos… Me decían ¡El Valiente!

    Me gusta

  4. muy buen relato de verdad que asi fue

    Me gusta

  5. Excelente narración, aún no olvido esos días de camisetas blancas, barricadas, pláticas hasta que saliera el sol. Nos tocó dar la cena para la guardia, es muy triste lo que vivimos pero aquí seguimos en la lucha de volver a levantar lo caído, el pánico al ver caer parte de la casa y estar solo esperando a que hora caería el resto, ver a mis hijas y solo pedía a Dios por favor que ya pare esto… fue una pesadilla, lo demás ya vivimos, la rapiña, como fue posible ver las patrullas con [muebles de] salas y pantallas arriba de las camionetas… qué vergüenza, pensábamos “no es verdad, no está pasando esto”.

    Me gusta

  6. Excelente narrativa!
    Solo les quiero comentar que un bombero me platicó que es cierto estaban encuartelados, el primer día que salieron a apagar el fuego de la Canadá junto al Aurrera, los quisieron asaltar y quitarles la pipa de agua, ellos iban solo 3 y eran más de 40, lo bueno que llevaban un arma y pudieron amedrentar apagar el fuego y regresar A su Cuartel. De ahí en adelante ni ellos tenían que comer ni agua, solo salían si el ejercito o la armada los custodiaban hasta el lugar donde les llamaban, tampoco tenían gasolina, hasta que 2 de ellos fueron a San José “de raite” a conseguir dinero en efectivo y poder ir a La Paz por comida y agua para los que andaban limpiando las playas y el centro de la ciudad, así como atendiendo a los enfermos en su consultorio improvisado y uno que otro baleado de los pies que llegaba con ellos.

    También consiguieron que las Bodegas de los OXXO (que por fortuna no encontraron los malandros) les regalan los víveres y fueron ellos los primeros es repartir despensas a las familias más necesitadas esos primeros días de terror.

    Por favor no los juzguen, al día de hoy es la única corporación de voluntarios que estuvo ayudando como pudo, dejando a sus familias SOLAS durante 15 días en lo que ellos, únicamente con sus manos podían ayudar, que era a limpiar y a atender gente enferma.

    Saludos y ojalá no volvamos a sufrir el embate de la naturaleza a este extremo, ni tampoco el de otros pobladores que terminó con lo poco que Odile había dejado en pie….

    Me gusta

  7. Así lo vivimos, solo que mi esposo trataba de tranquilizar a los vecinos diciéndoles que así como nosotros estábamos cuidándonos, los de las colonias vecinas también lo estaban haciendo, y siendo así, entonces ¿Quién vendría a nuestra colonia a intentar atacarnos? Afortunadamente esta Psicosis solo duró un día, a la noche siguiente comenzaron los patrullajes [de policías] y entonces sí nos resguardamos “a piedra y lodo”, por aquello del miedo a que los que patrullaban fueran los mismos que saquearon las tiendas…

    Me gusta

  8. Yo vivo en San José y te puedo decir que eran mentira todos esos rumores, acá decían que eran reos, que la cárcel se había caído y eran ellos quienes venían saqueando y violando mujeres desde el aeropuerto de San Jose. Después fueron “Los cubanos” y luego “los cholos” que por acá andaban. Igual con sus barricadas y aquel vecino que se atreviera a contradecir los rumores sería expulsado de la colonia por medio de firmas. -_-… Nunca pensé vivir algo así aquí, he vivido otros huracanes y nunca saquearon los negocios hasta “Odile”, encima de todo cada uno presume lo que alcanzó a sacar de las tiendas, es una vergüenza realmente que haya sucedido algo así.. Y eso sin contar aquellos que nos quedamos sin trabajo pues hay ciertos negocios que ya no abrirán más y eso sin contar los negocios locales y aquellos que no están asegurados.. Estuve casi 3 días haciendo fila para el agua purificada y unas buenas horas para la gasolina… Es increíble… Documenté con fotos hasta que la pila del teléfono ya no funcionó.. Es algo que jamás se olvidará.

    Me gusta

  9. Yo vivo en San Lucas más no estuve presente en la noche del huracán ni en la noche de las camisetas blanca, pero el relato me traslado a mi Cabo hermoso, seguro si hubiera estado ahí, también hubiera gritado pollo jajajaja me hiciste reír tanto dentro de mi gran tristeza y decepción por tan pésimas autoridades y mal gobierno pero bueno es un nuevo comienzo para todos… A resurgir como el Ave Fénix Cabo…

    Me gusta

  10. ¡Dios, qué horror! Después de leer tanto por lo que uds en Cabo pasaron, estas atrocidades que se cometieron, no quedan en el olvido… somos muchos y somas más los buenos que los malos. Esto quedó en los ojos del mundo, el que la gente se haya vuelto loca de esa manera no tiene nombre. Felicito esta narración y a todos y cada uno de uds, mis respetos por su valentía por defender a sus familias, fue grande. Un gran abrazo y no debemos de permitir que estas situaciones se vuelvan a salir de control.

    Me gusta

  11. Ha… como me reí … me acorde de mi contraseña era “Mar Caspio”, teníamos que decir “el mar en el que vivíamos” (mira mar). A mi me tocaba prepararles el café a las 3 de la mañana. Y después cambiaron la contraseña a “Vecino bingo”… me pregunte ¿Acaso ya extraña el Casino? Muy buen relato, felicidades.

    Me gusta

    • todos empezaron a tener miedo despues de los saqueos y se asustaron diciendo que andaban asaltando fue una sicosis en general porque todos casi todos robaron empezaron los grupos atuprotegerse del miedo que sentian con cuentos , atrincheramientos en las colonias escondiendo lo robado asi esa fue la patologia del miedo que corrio

      Me gusta

  12. Excelente relato, creo que todos de alguna forma u otra vivimos los mismos momentos de terror y que ojala no se vuelvan a repetir.

    Me gusta

  13. ¡¡¡Excelente relato de viva voz!!!

    Me gusta

  14. ¡¡Excelente relato!!

    Me gusta

  15. Fue exactamente lo que se vivió esa noche en el fraccionamiento Miramar, igual, todo igual. Parece como si todos hubiéramos visto lo mismo pero en diferentes partes de la ciudad. La misma camisa blanca, la contraseña, la palma quemada, la fogata, las armas… todo exactamente igual. ¡Fue horrible!

    Me gusta

  16. No fueron ciertos los rumores. Lo bueno que dejaron esos rumores es, que hicimos Comunidad y ahora si… agárrense políticos. ¡Ya estamos unidos!

    Me gusta

  17. Así fue con nosotros en la colonia Aura. Bombas Molotov que tu servidor fabricó como 50 de los cascos vacíos de “coronita”. Yo creo que en todos lados fue de la misma manera, les costaría muy caro a los malandros llegar hasta nuestra trinchera, si es que llegaban… Quien no lo vivió no lo cree, pero tal y como lo cuentas asi fue en todos lados…. pero ya se donde estaban los bomberos y siguen ahi algunos camiones, protegiendo el negocio AC.

    Me gusta

  18. Excelente y verdadera narración. ¡Así fue como se vivió el terror en Cabo San Lucas!! Odile será recordado por siempre…

    Me gusta

  19. Yo vivo en San Lucas, excelente narración. Pésima acción de despliegue del Ejercito, cierto que eran pocos elementos, pero no justifica la forma de despliegue, muy tardada, la reacción del Gobierno en llegar a este polo turístico casi una semana para efectos prácticos. Las mismas vivencias estando junto a Hotel Quintas del Sol, en el puro centro de Cabo San Lucas, el pueblo unido ante la violencia posterior al ciclón, muy rescatable.

    Me gusta

  20. Excelente narración, pero sobre todo verídica. Mis familiares me lo contaron, idéntico, y no viven precisamente en el centro de Cabo San Lucas. Enhorabuena por sus denuncias, y esperamos que se castigue a los principales culpables, , caiga quien caiga.

    Me gusta

  21. Excelente reportaje. Eche de menos fotos y felicidades por tu trabajo.

    Me gusta

  22. Aunque fue un lamentable incidente, hemos aprendido de ello y nos preparara para el futuro. Excelente narración.

    Me gusta

Trackbacks

  1. Los 10 grandes errores de Marcos Covarrubias Villaseñor | Noticabos
  2. 15 de Septiembre: Día de las Camisetas blancas en Los Cabos #Huracán #Odile | Noticabos
  3. Los 5 huracanes que rompieron todos los pronósticos en los últimos años – Noticabos
  4. La vulnerabilidad de Los Cabos #Lidia – NOTICABOS.ORG

Yo opino...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: