Recordando la Toma de Tijuana: Batalla contra los Filibusteros

Se trata de un narración novelizada sobre la Toma de Tijuana, en el combate del 22 de Junio de 1911, enviado por Ricardo Zarzosa Gilbert, en honor a todos los que pelearon en aquella época.

TOMA DE LA CIUDAD DE TIJUANA

Combate del 22 de Junio de 1911

     Narración novelizada del histórico combate, en que fue liberada la Ciudad de Tijuana, de las hordas filibusteras, las cuales fueron arrojadas a su lugar de origen.

     Dedico esta pequeña obra, a los sobrevivientes de estos relatos históricos, y les ruego acepten a más de los honores que merecidamente les han brindado todos los bajacalifornianos y el pueblo todo de México, mis mejores respetos, mi admiración y mi consideración.

     Luis Zarzosa Lovis

     (q.e.p.d.)

     ¡Mi coronel!…. ahí esta una.- dijo la voz de nuestro guía, Miguel Santacruz, rompiendo el silencio que habíamos guardado durante algunos minutos…

     Mi Teniente Coronel Juan N. Vázquez, que era a quien Santacruz se dirigía, respondió con voz calmada…

     ¿Cree Ud. que sea el enemigo…?

     Si, mi Teniente Coronel -contestó el guía ¿disparamos?…

     ¡No!… Avise al comandante de la columna, Coronel Celso Vega, y pídale instrucciones inmediatas al respecto.

     Tal fue lo que contestó mi Teniente Coronel al hombre que nos había guiado desde el Puerto de Ensenada, bordeando toda la costa.

     Durante nuestro recorrido, creo que todos veníamos añorando aquellas hermosas tierras oaxaqueñas que habíamos dejado atrás…

     Pocos minutos después se escucho un disparo; un jinete dio un salto sobre su montura, cayendo al suelo como fulminado por un rayo… Se había iniciado el histórico combate por la recuperación de la sitiada ciudad de Tijuana…

     Mi Coronel Vega inmediatamente llamo a todos sus oficiales, empezando a dictar ordenes urgentes; mi Teniente Zarzosa, del que yo era asistente, también se hizo presente ante aquel gran jefe.

     Por nuestra parte, nosotros los soldados, permanecíamos ansiosos en espera de que terminara la conferencia de los oficiales; ya que nos andaba por “entrar en calor”, y… pues, la verdad… de sonarles a los “gringos” y con mas ganas a los mexicanos que venían con ellos en plan de traidores.

     Las órdenes no se hicieron esperar, mucho, y cuando fueron dictadas, todos teníamos deseos de que fuera nuestro pelotón el primero que entrase en combate… “No había uno que deseara rehuir al enemigo…”.

     Un pelotón -no el nuestro- fue enviado para localizar el grueso del enemigo; la estrategia militar así lo demandaba.

     El parte llego con mi Coronel Vega, se le informaba que el enemigo estaba apostado en la falda de un cerro, entre un pequeño bosque (en donde hoy se encuentra el ex casino de Agua Caliente).

     El Coronel ordeno al Teniente Coronel Juan N. Vázquez que inmediatamente saliera a hacerle frente al enemigo con una fracción del batallón y cincuenta voluntarios, (dichos voluntarios eran muchachos jóvenes que se nos habían incorporado desde nuestra salida del Puerto de Ensenada, y su comandante lo era el Sr. Martín Mendoza).

     Mi Teniente Zarzosa, que era el jefe de la Sección de Ametralladoras, formulo un plan que inmediatamente fue aceptado por el Coronel Vega, debido al cual nos toco esperar junto con el mencionado jefe, los primeros resultados del encuentro, habiéndose con ello evitado un inútil derramamiento de sangre y que a la vez nos permitió conocer la fuerza efectiva de nuestros contrincantes.

     La balacera no se dejo esperar; parecía una tronadera de cohetes en día de fiesta, allá en Oaxaca. No nos arrepentíamos de que nos hubieran traído desde tan lejos ; sabíamos que era para defender la soberanía de nuestra Patria, la que estaba en peligro precisamente en este alejado lugar de nuestra querida República Mexicana.

     Para nosotros nos daba igual ofrendar nuestras vidas por Oaxaca que por Baja California; las dos partes eran una misma tierra. Nuestra querida tierra que nos pretendían arrebatar esos malditos filibusteros venidos del infierno. Aquí estabamos nosotros, chaparritos pero con un corazón y unos deseos muy grandes de vencer, de salir airosos en el combate y de ver ondear nuevamente en los aires nuestra querida bandera tricolor.

     Mis ojos permanecían fijos en los de mi coronel, en espera de que soltara la orden de que avanzáramos.

     Como conocía bien a mi Teniente Zarzosa, en el brillo de sus ojos notaba que ya quería “estarle dando”, pero era un hombre que sabia cuando y donde detener sus impulsos, especialmente en casos como el presente, en que lo que le importaba era el triunfo a costa del menor numero de bajas.

     “Por fin, la orden deseada…”

     Se nos ordeno partir a paso veloz hacia un cañón que estaba a la retaguardia de la zona de combate; nuestra misión era la de cortar la retirada de el enemigo, que ya calculaba mi Coronel Vega.

     Partimos con nuestras piezas de artillería -dos ametralladoras- hacia el lugar indicado yendo a la cabeza mis dos Tenientes; Zarzosa y al que de cariño le decían “el macho prieto” que no recuerdo su nombre; los dos a cual mas de valientes.

     Nuestras fuerzas quedaron divididas en tres grupos: el primero presentando combate desde la parte baja de un cerro; el segundo, lo constituimos nosotros al mando de Zarzosa, y el tercero que se hallaba en derredor de mi Coronel Vega, quien dirigía la acción montado en un hermoso caballo alazán. Las fuerzas filibusteras empezaron a retirarse hacia lo alto de un cerro que estaba a retaguardia de ellas, tal y como esperaba mi Coronel que sucediera.

     El enemigo subestimo su nueva posición y el pánico empezó a dejarse sentir entre las filas invasoras, cuando mi Teniente Coronel Vázquez, presionado, fue poco a poco avanzando hacia la meseta superior del cerro.

     Nosotros también avanzamos, nuestras botas se hundían en los arenales del cauce del río. Una que otra bala nos pasaba cerca, que solo esperábamos el impacto en nuestros cuerpos sudorosos..

     Habíamos venido de Oaxaca, del Istmo de Tehuantepec, pero el calor que ahora sentíamos nos parecía furioso; la verdadera causa era que nos sentíamos nerviosos por no haber podido entrar de lleno en la batalla, y esto, todos aquellos que estuvieron allí y los que han participado en algún hecho de armas similar, lo saben.

     Eran poco mas de las diez de la mañana cuando vimos que el enemigo retrocedía en forma semi desordenada, después de un duelo de mas de veinte minutos con las fuerzas de Vázquez, perdiendo la meseta en donde se habían hecho fuertes. Nosotros aprovechamos ese tiempo en tomar nuevas posiciones que se nos habían ordenado. En su retirada pudimos darnos cuenta que las fuerzas invasoras se componían de hombres de diferentes razas, como : negros y gringos, mexicanos y uno que otro que parecían ingleses.

     No obstante que iban en completa retirada, seguían contestando el fuego a las fuerzas de Vázquez, que casi les pisaban los talones. Lo que el enemigo deseaba era llegar al puente del ferrocarril que no estaba distante del lugar del combate. En ese punto querían hacerse fuertes, sin contar con nuestras fuerzas de artillería, que solo los estabamos esperando… “Tarde se nos hacia ya para abrir el fuego”.. solamente esperábamos la orden de mi Teniente Andrés Zarzosa.

     El enemigo, en retirada, pronto se dio cuenta de nuestra presencia y del estorbo que éramos para que pudieran posesionarse del antedicho puente, empezaron a dispararnos con fuego graneado.

     “A toda costa querían hacernos retroceder”.

     Mi Teniente Zarzosa, ordeno que rompiéramos el fuego, y al momento nuestras ametralladoras comenzaron a vomitar sendas ráfagas perfectamente combinadas que diezmaban a los filibusteros azorados.

     Que susto se llevaron estos hombres al oír el traqueteo de nuestras ametralladoras, pues no contaban con que traíamos esta clase de arma, tan poco común en aquellos años.

     “Los invasores estaban perdidos…”

     Por la retaguardia se encontraban tirándoles las fuerzas del Teniente Coronel Vázquez, y por el frente, nosotros, con un fuego graneado… Caían como palomitas, los que anteriormente se habían burlado de nuestra estatura. Recordé el fragor de la batalla, aquella vez en que, estos mismos invasores, en un combate cerca a Mexicali en donde nos tomaron aquellos prisioneros, hicieron con estos actos jocosos, con relación a nuestra estatura, en comparación a la de la cantidad de negros gigantones que traían entre sus hordas. Pero que diferencia ahora, viéndolos correr desesperadamente… Aquí se estaba escribiendo una heroica acción de guerra, en que las armas mexicanas se cubrían de honor, y que nuestros hijos estarían orgullosos de ello.

     Tijuana había sido arrebatada a las escasas fuerzas del valeroso Teniente Miguel Guerrero, por esta horda de aventureros a sueldo, pero ahora pagan cara su osadía.

     “Deles.. deles, mi Teniente -fue lo que se me ocurrió decirle a mi jefe mientras le abastecía de parque su ametralladora—“Mírelos como se abren en abanico hacia su flanco derecho, con miras de ganar la vía del ferrocarril, y tratar así de ganar la frontera.

     Al ver que el enemigo realizaba esa operación, nos movimos rápidamente hacia el flanco izquierdo, para seguir tirándoles mientras trataban de prepararse a ganar la frontera ya desesperados.

     Los hombres iban quedando tirados en el camino, víctimas de sátrapas vende patrias que los habían engañado ofreciéndoles una fácil victoria… Todo se había perdido para ellos.

     Las fuerzas del Teniente Coronel Vázquez, se nos unieron, tratando a como diera lugar de flanquear a estos piratas, para evitar que cruzaran la frontera a Estados Unidos, pero esos llevaban terror y prisa, como si manos misteriosas, venidas del infierno, se los quisieran llevar hacia el seno del mismo.

     Momentáneamente la suerte les cambio, al atrincherarse en unas plataformas del ferrocarril, que estaban en la vía, ya cerca de la línea divisoria. Nuestras ametralladoras no tardaron en hacerlos que abandonaran su ultimo baluarte, provocándose, al fin, una desordenada retirada hacia su salvación. La Frontera.

     El Coronel Celso Vega, dio inmediatamente orden de cesar el fuego, ya que era peligroso que nuestras balas dieran al lado Americano, salvándose así, estas fuerzas de bandidos, que no perdieron la oportunidad que les brindaban para internarse al otro lado, en zona ya segura para ellos.

     El combate había terminado…. ¡Baja California estaba a salvo…!

     No faltaron las heroicas mujeres mexicanas, quienes no se habían perdido un solo detalle del combate, desde una distancia razonable. A una de ellas yo la vi cruzar entre la balacera, para ir a saludar al jefe Vega, momentos antes de que se escaparan los filibusteros… Ella quería estrechar la mano del defensor de Tijuana, aunque le costara la vida… Esta dama se llamaba Doña Mercedes Ochoa.

     Mujer prototipo de la mexicana valiente que cuando miran en peligro a sus hombres, les hierve la sangre en las venas y no miden el peligro, con tal de prestarle su ayuda. Mujeres como esa ensenadese valiente curaron nuestras heridas, y nos dieron aliento en la batalla…

     Esto fue lo que aconteció aquel 22 de Junio de 1911, fecha en que las armas mexicanas se volvían a llenar de gloria, al igual que en Puebla, Veracruz, Matamoros, y tantos y tantos lugares mas.

     “Oh tierra Bajacaliforniana, cuanto vales para nosotros los mexicanos…” Que valor demostraron los voluntarios que se nos unieron en los combates, que sin ser soldados lucharon con la sola idea que peleaban por su Patria, a la que estaba en peligro de ser segregada en pedazos.

     Hombres como José María Larroque, que junto con otros valientes defendieron Tijuana, hasta caer muertos en el campo de batalla.

     Descansen en paz, héroes caídos en defensa de esta tierra que orgullosamente se sabe mexicana…

     En aquel 22 de Junio de 1911, las campanas tocaron alegres porque la ciudad había sido salvada… ¿hoy tocan por ustedes…?

     Luis Zarzosa Lovis

     (q.e.p.d.)

     NOTA.- Los datos y lugares de los combates son reales, así como los nombres de los jefes y oficiales.

     Suplico a los sobrevivientes de este combate, cuyos nombres no aparezcan en este trabajo que me perdonen.

Más Información:

Wikipedia: Rebelión de Baja California

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